Muchos de los escenarios de mi mundo ya han sido borrados por el tiempo. En realidad no sé si lo que viví en mi infancia fue real o inventado. Yo también creía que más allá del paisaje de naranjos no existía ningún mundo posible, pero después he vivido otras vidas en otras ciudades.
ComoCremades me siento arraigado al terruño, conocedor de los ciclos de las estaciones, amante de las siembras y de las cosechas, amante de la música y del trabajo bien hecho. Como Arlandis me siento en continuo desplazamiento, conocedor de las fases de la luna, amante de las palabras y las historias, atraído por otras culturas y lenguas, con una voluntad de hierro. Hay momentos en que los dos congenian y horas en que uno no quiere saber nada del otro.
Quizá algún día me encontraréis oculto tras el fragmento de alguna de mis novelas. En el interior de un cuartel de la época franquista. Sentado en las escaleras de la Lonja de Valencia. Abriendo la puerta dorada de algún palacio de la época árabe. Entrando en la Plaza Redonda. En la barra de algún bar de las calles de Barcelona. Quizá perdido, con la cámara de fotos en la mano, por los callejones oscuros de la medina de Fez o los zocos de Túnez. O ¿por qué no? paseando por los acantilados de Ras Al Fartass.